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lunes, 14 de octubre de 2013

Plan de Ayutla

Plan de Ayutla, Mural alusivo al Plan de Ayutla. Palacio Municipal de Ayutla de los Libres.

Para finales de 1853 el poder supremo de Antonio López de Santa Anna había llegado a niveles tan elevados que el descontento en las clases políticas del país no tardaría en manifestarse.

Para colmo, el 16 de diciembre se expidió un decreto, derivado del “Acta de Guadalajara“, en el que se confería al dictador una serie de prerrogativas propias de un emperador. Entre ellas la facultad de mantenerse en el poder el tiempo que fuese necesario, la posibilidad de nombrar sucesor y hasta el tratamiento a su persona como “Alteza Serenísima“.
Santa AnnaEn Ayutla, población del actual estado de Guerrero, Juan N. Álvarez, Ignacio Comonfort,  un ex-insurgente, Florencio Villareal y otros opositores al régimen, crearon el 1º de marzo de 1854 un plan revolucionario que sería conocido por el nombre del pueblo donde fue proclamado: “El Plan de Ayutla“. Se dice que el plan fue elaborado desde Nueva Orleans, E.U., por los exiliados encabezados por Valentín Gómez Farías y según el historiador Carlos Pereyra el documento fue redactado finalmente por el Lic. Eulogio Romero, masón que por mucho tiempo estuvo a favor de la anexión completa de México a los Estados Unidos.
Este documento, que fue corregido diez días después en Acapulco para complacer a los moderados, plasmaba un conjunto de exigencias que darían origen a lo que posteriormente se llamaría “La Revolución de Ayutla“.
El plan básicamente se centraba en tres postulados: la inmediata renuncia al poder de López de Santa Anna, la creación de una Junta de Representantes de que designara  un presidente interino (cargo que finalmente recayó en Juan N. Álvarez) y la realización de un Congreso Constituyente.

Revolución de Ayutla

revolucion-de-ayala

Puesta en evidencia la ineficaces políticas de Santa Anna para controlar tanto el país como al creciente dominio de los rebeldes, los grupos conservadores comienzan a considerar la instauración de una monarquía para México. Influencias obscuras  iniciaban la construcción del camino para un segundo imperio. Sólo siete años más tarde las fuerzas republicanas mexicanas enfrentaban a las fuerzas imperiales francesas en la Batalla de Puebla.
Para agosto de 1855 la situación para Santa Anna es completamente insostenible y decide renunciar al cargo de presidente. Abandona la ciudad de México el 9 de agosto de ese mismo año. Al partir hacia el exilio, una multitud lo repudia, desentierra su pierna perdida para arrastrarla por toda la ciudad y derriba estatuas y monumentos dedicados al que alguna vez vitorearon como un verdadero héroe.
De inmediato los conservadores aceptando (o simulando aceptar al menos) el Plan de Ayutla, forman una Junta de Representantes que sin dilación alguna nombra como presidente interino de México a Martín Carrera. Mientras tanto, las fuerzas revolucionarias llegan a la ciudad de Cuernavaca el 1º de octubre y forman una nueva Junta de Representantes dirigidas por Valentín Gómez Farías. Esta Junta nombra a Juan N. Álvarez como el legítimo presidente interino. Los conservadores, ante el avance de Álvarez hacia la  ciudad de México, abandonan a Martín Carrera. Sólo 28 días ocupó el cargo.
Sin embargo, el interinato de Álvarez como presidente, aunque muy activo, también fue de corta duración. Durante los escasos dos meses que duro el mandato de Álvarez se le preparó el camino a la “Ley Juárez“, a “La Ley Lerdo” y a la nueva Constitución de 1857. Leyes que adquirirían vida durante la presidencia del substituto de Álvarez, José Ignacio Comonfort y que sentarían las bases de la futura Guerra de Reforma. Su gabinete reunió a grandes talentos: Melchor Ocampo en Relaciones Exteriores, Benito Juárez como ministro de Justicia e Instrucción Pública, Guillermo Prieto como ministro de Hacienda y como ministro de Guerra, Ignacio Comonfort.

Revolución de Ayutla

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A mediados de 1854, en junio, la situación se torna tan difícil por la fuerte ofensiva gubernamental, que Comonfort se ve obligado a partir a los Estados Unidos. Algunos historiadores afirman que el banquero Gregorio Ajuria le facilitó sesenta mil pesos para la compra de armas, pero en los “Papeles Secretos de Comonfort” de la biblioteca de la Universidad de Austin, se consigna a John Temple como el verdadero proveedor de las armas. Sea como fuere, el hecho es que Comonfort logró desembarcar en Acapulco con una importante dotación de armas para la revolución.
Mientras tanto, el gobierno central convoca a un “libre” plebiscito en el que se pregunta si “Su Alteza Serenísima Don Antonio López de Santa Anna” debe continuar en la presidencia y en caso contrario quien debería ser el substituto. Pese al resultado adverso, se anuncia que el pueblo ha votado a favor de la permanencia de Santa Anna en la presidencia y el 1º de febrero de 1855 se emite un decreto confirmando el resultado. A aquellos que habían votado en contra se les enjuicio, persiguió y encarceló. Entre los acusados se encontraba un joven partidario de Juan Alvarez y de la Revolución de Ayutla: Porfirio Díaz.
Todavía en 1853 y con el afán de conquistar el sentimiento patriótico del pueblo, Santa Anna hace la convocatoria y concurso para la composición de lo que hoy es nuestro Himno Nacional.
Para 1855 la Revolución ya había cobrado muchísima fuerza y se encontraba extendida a lo largo del país. Los liberales en el exilio deciden participar en la lucha y se integran a las fuerzas revolucionarias. Melchor Ocampo, ex-gobernador de Michoacán y Benito Juárez, ex-gobernador de Oaxaca, entre los más importantes.
Santa Anna
Antonio López de Santa Anna

Santa Anna ya con pocos recursos y apoyos, recrudece las medidas de represión y amenaza con la quema total de los pueblos que cobijen a las fuerzas rebeldes. Hace fuertes campañas militares contra los insurrectos en Michoacán pero sólo logra echarlos hacia la costa sin vencerlos realmente. No obstante, el dictador se presenta en la ciudad de México como claro triunfador, exigiendo que de esa manera sea reconocido so pena de declarar al que no lo hiciere como traidor a la patria.

Revolución de Ayutla

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El estado político del país en marzo de 1854 era, de nueva cuenta, un polvorín que estallaría en cualquier momento.

Los omnímodos poderes otorgados a Antonio López de Santa Anna habían exacerbado los ánimos de la clase política liberal de ese momento. Desde el 16 de diciembre del año anterior, en que se había promulgado un inusitado decreto que confería a Santa Anna una serie de prerrogativas por completo ajenas al ideario básico de una república, el descontento general en el país crecía a pasos agigantados.
La difícil situación por fin explotó en Guerrero (actual Estado de Guerrero desde 1849).Juan N. Álvarez, Ignacio Comonfort y el coronel Florencio Villareal lanzaron un plan que básicamente exigía la renuncia inmediata del dictador, la instauración de una presidencia interina y la convocatoria a un congreso constituyente.
El movimiento conocido como “La Revolución de Ayutla“, tuvo desde sus inicios una gran aceptación popular y política. Los pueblos del sur de Guerrero y Michoacán apoyaron decididamente la revolución que encabezaba el general Juan Álvarez. Con el fin de contrarrestar la insurrección, el dictador tomó tan draconianas medidas de control que hasta se decretó la muerte a todo aquel que tuviera en su poder algún ejemplar del Plan de Ayutla y no lo entregara a las autoridades.
Juan Alvarez
Juan Alvarez
También ordenó la inmediata puesta en marcha de las fuerzas militares de los territorios limítrofes con Guerrero, el envío de una fuerza militar comandada por Tomás Moreno(quien se pasaría al lado de la Revolución), la leva y el aumento del presupuesto del gobierno central mediante nuevos impuestos y aduanas, pero su acción más significativa fue ponerse al frente de un ejército de 5,000 hombres. Esta importante fuerza militar llegó a la ciudad de Acapulco, corazón de la insurrección, el 19 de abril de 1854, o sea poco menos de un mes de lanzado el plan.
El Ejército Restaurador de la Libertad (pomposo nombre con el que se autodenominaron las fuerzas rebeldes) al mando de Ignacio Comonfort se resguardó en el fuerte de San Diego. Las fuerzas de Santa Anna intentaron una y otra vez conquistar la fortaleza pero sin ningún éxito. Las bajas, deserciones y enfermedades habían debilitado de manera tan importante la moral y la efectividad del ejército central, que el dictador se vio obligado a ordenar la retirada. Se cuenta que en el camino de regreso a la ciudad de México el ejército de Santa Anna fue quemando y destruyendo pueblos que habían apoyado la insurrección.

jueves, 10 de octubre de 2013

Porfirio Díaz Mori

 Porfirio Díaz

Los franceses, con su acostumbrada y extrema arrogancia, habían imaginado que la conquista de esta ciudad sería casi un paseo, que no habría resistencia. Ese día los invasores fueron derrotados y tuvieron que retirarse. Porfirio Díaz, bajo el mando del General Zaragoza, toma parte activa en esta batalla. Pero es casi un año después, durante el Sitio de Puebla, donde el brillante General comienza a destacar entre los demás.
Nos dice al respecto el General Francisco P. Troncoso en un escrito que hizo en 1862:
“El General Porfirio Díaz, que manda la Brigada de Oaxaca de la División Berriozábal, es un jefe muy templado, de gran reputación y simpatía. En la acción de Pachuca se distinguió y se dio a conocer por los viejos soldados que estaban en México, pues fue muy alabado por el General Tapia que mandaba en Jefe. Se cuentan de él muchos actos de valor, tenacidad, resolución y astucia en los numerosos combates que ha tenido. Se dice que en Tehuantepec, Juchitán, Oaxaca y otros diferentes puntos tuvo acciones que lo acreditan tanto, que se le tiene ahora como el primer soldado del Estado, (de Oaxaca) donde ya es candidato para gobernador, aunque él no quiere y se ha rehusado. Ha sido herido varias veces, entre otras acciones, en Ixtapa y Oaxaca. En Jalatlaco llevó a cabo un movimiento audaz y oportuno, derrotando a Márquez; y esto me consta, porque yo estaba en Toluca y lo supe en el acto. Como es muy sabido, el 5 de mayo se distinguió extraordinariamente como Jefe de la derecha (sic), rechazando y persiguiendo al regimiento de infantería francés…” Decenas de anécdotas surgen en esas batallas de calle por calle, casa por casa, cuarto por cuarto, dentro de la ciudad sitiada. Los grandes personajes hacen historia al ser parte de hechos heroicos, románticos, y a veces, hasta chuscos. Porfirio Díaz es el constante protagonista de estos hechos. Dos relatos nos muestran la intensidad de la lucha:
El 2 de abril, al anochecer el enemigo hace un ataque a San Marcos. Los franceses, que ocupan las dos manzanas que forman la calle del Mesón de Guadalupe, arremeten con su artillería y abren una brecha. La gran columna de zuavos que a la carrera penetran al interior del patio son contenidos por las fuerzas mexicanas al mando de Díaz. Después de  tres horas de lucha cuerpo a cuerpo ¡dentro de las habitaciones! los franceses tienen que retirarse precipitadamente. Díaz se bate en repetidas ocasiones y se le llega a considerar herido, pero por fortuna sale ileso. En otro enfrentamiento, el 19 de abril, durante los ataques a la calle de las Ruinas y a la manzana del Mesón de la Reja, un batallón irrumpe violentamente tratando de penetrar a las fortificaciones de las casas. Doscientos hombres mexicanos les salen al paso pero poco pueden hacer contra ochocientos atacantes.
Los defensores, aunque batiéndose, comienzan a retroceder, ya que el repentino ataque los ha tomado por sorpresa. Los invasores, con sed de venganza por las anteriores pérdidas, los siguen de cerca y no dan cuartel.  Pese a los grandes esfuerzos de los Jefes y Oficiales la retirada se convierte en una fuga tan desorganizada que toda la posición queda bastante comprometida. En el momento más terrible de la situación aparece el General Díaz, que con potente voz y exponiéndose claramente, ordena a los soldados: ¡Alto! Algunos valientes obedecen en el acto.  Díaz corre de grupo en grupo, detiene a unos y grita a otros, y con dureza toma el control. Los soldados animados por la actitud de su Jefe se reagrupan mientras el enemigo vacila por lo inusitado de la reacción. Con la oportuna llegada del General, y minutos más tarde, con el arribo del Batallón de Toluca y una Compañía de Oaxaca se restablece el equilibrio de las posiciones. Este tipo de acciones militares, entre muchas más, hacen que el prestigio de Díaz, tanto en México como en el exterior, crezca a grandes alturas. Los mismos franceses se lo reconocerían años después en París.
Tras la inevitable caída de la ciudad de Puebla, el General Díaz es apresado junto a decenas de oficiales y Jefes del Ejército de Oriente en el Convento de Santa Inés, pero poco antes de ser embarcado con rumbo a Europa, el valiente militar logra escapar de sus captores. El 31 de mayo Benito Juárez le asignó a Díaz el cargo de gobernador interino de la ciudad de Oaxaca. Lo que resta del año de 1863 y casi todo el año de 1864, Díaz y Manuel González desarrollaron una lucha de guerrillas que mantuvo a los franceses a raya. Paralelamente, en el Castillo de Miramar (Trieste, Italia) el 10 de abril del mismo año, el archiduque Fernando Maximiliano de Habsburgo era proclamado emperador de México. En 19 de febrero de 1865 se inicia el sitio a la ciudad de Oaxaca por el general François Achille Bazaine.
Tras cuatro meses de asedio, Porfirio Díaz se vio obligado a rendir la plaza y a quedar preso por segunda vez y ante el mismo enemigo (22 de junio). Don Justo Benítez, compadre del general mexicano, ante la orden de Aquiles Bazaine de fusilar al valiente jefe militar con el cargo de sedición, intercede por él, y con éxito, logra cambiar la sentencia a cadena perpetua. Porfirio Díaz que no era un soldado común que dócilmente aceptara su cautiverio, logra escapar de su prisión de poco más de un año, en el Convento de las Carmelitas, Puebla, y de inmediato organiza una pequeña fuerza militar. En los meses siguientes, el aguerrido general reorganiza el Ejército de Oriente con la ayuda de Juan Álvarez. Participa y triunfa como comandante en tres importantes batallas:La Batalla de Miahuatlán, Oaxaca (3 de octubre de 1866), la Batalla de la Carbonera, Telixtlahuaca, Oaxaca (18 de octubre 1866) y en la famosa Toma de Puebla del 2 de abril de 1867.

Porfirio Díaz Mori

Porfirio Díaz

El joven, sumamente entusiasmado por lo escuchado en la reunión y tras una gran lucha interna, tomó la difícil decisión de abandonar el camino eclesiástico. Una decisión que marcaría el destino, no sólo del futuro General, sino de la nación entera. Al conocer la nueva situación el ahora obispo de Oaxaca, padrino de Porfirio, contrario a las nuevas aspiraciones de su protegido, decidió retirarle todo su apoyo moral y  económico. No obstante el joven estudiante ingresó al Instituto de Ciencias y Artes de Oaxaca en donde realizó estudios de Derecho hasta 1850, año en que se convirtió en maestro de esta misma materia. A finales del año de 1854, estando de nueva cuenta Antonio López de Santa Anna como presidente de México, y en pleno fervor de la Revolución de Ayutla, se hizo un llamado a la población para que mediante un plebiscito se votara la permanencia del caudillo en el poder o en caso contrario se hicieran propuestas del posible substituto. Algunos que creyeron que el plebiscito sería legitimo, votaron primero, por la salida inmediata del Presidente y segundo, por la instauración de Juan Alvarez como encargado de la presidencia. Poco tiempo después se ordenó que se hiciera preso a todo aquel que había votado en contra y a favor de Alvarez, entre ellos a Porfirio Díaz. Para agosto de 1855 la Revolución de Ayutla triunfaba claramente y Santa Anna se vio obligado a abandonar el poder mientras Juan Alvarez quedaba como presidente interino. En el mismo año Porfirio es nombrado Jefe Político del distrito deIxtlán y posteriormente -ya con Ignacio Comonfort como presidente- se le confiere el mando militar del Istmo de Tehuantepec. Es en esos días que Porfirio conoce a la que sería su gran amiga sentimental: Juana Catalina Romero, “La mamá grande de Tehuantepec“, “Didjaza”. Una mujer legendaria que trabajó mucho por todo el Istmo de Tehuantepec y a la que se le atribuyen tantas virtudes que resulta fácil comprender la razón del aprecio tan importante que el oaxaqueño le prodigaba. Juana CatalinaAun con el triunfo liberal de la Revolución de Ayutla y la salida de Antonio López de Santa Anna, el país continua con gran efervescencia política. La promulgación de la nueva Constitución, la expedición de la “Ley Juárez” y la “Ley Lerdo”, se convierten en los grandes detonantes de otra guerra fratricida entre conservadores y liberales, la “Guerra de Reforma”. Este nuevo conflicto que se desarrolló desde 17 de diciembre de 1857  hasta el 1º de enero de 1861 fue también llamado, en alusión a su duración, la “Guerra de Tres Años”. En este período Díaz asciende, dentro del escalafón militar, a Mayor, Coronel y Teniente General, grados conferidos por su exitosa participación en varias batallas.
Con la entrada exitosa a la ciudad de México del General Jesús González Ortega, al mando del ejército liberal, y con la consiguiente disgregación de las fuerzas conservadoras, queda allanado el camino a dos hechos significativos de la historia de México: la segunda invasión francesa a nuestro país y la inserción en la vida política de la república de Porfirio Díaz. El ahora General obtiene una curul como diputado por el estado de Oaxaca en el Congreso de la Union, el cual y desde 1845, sólo estaba conformado por la Cámara de Diputados. El 15 de junio de 1861 Benito Juárez García fue declarado presidente constitucional de la república y apenas un mes más tarde, emitió un decreto que suspendía todos los pagos de deuda pública nacional e internacional. Este decreto provocó la ruptura de relaciones con los gobiernos de Inglaterra y Francia. Mientras el gobierno de Juárez hacía negociaciones para evitar el inminente enfrentamiento, en el viejo continente la facción conservadora realizaba sus propios arreglos con el fin de instaurar una monarquía con algún príncipe europeo. Napoleón III, emperador de Francia, con el pretexto del conflicto generado por la suspensión de pagos, en flagrante violación de algunos recientes tratados y por su obvia necesidad política de influir en América, decidió continuar con la proyectada invasión a México en enero de 1862. Las fuerzas militares de Inglaterra y España, que ya habían ocupado Veracruz, optaron por reembarcarse y no participar en el conflicto. El ejército expedicionario europeo apoyado por fuerzas rebeldes conservadoras se presentó frente a la ciudad de Puebla el 5 de mayo de 1862.