lunes, 23 de noviembre de 2015

Un sobreviviente improbable

Algo más al norte del Portal de Rosales, en Avenida Hidalgo 407 y 413, estuvo el Palacio Federal que estalló durante la Toma de Zacatecas. En su lugar hoy hay hoteles y locales comerciales. No lejos de ahí está la Iglesia de Santo Domingo, que es quizá la más hermosa de la ciudad después de la Catedral. Este templo barroco también conserva en su ancha portada un buen número de horadaciones que parecen haber sido hechas durante la contienda de 1914. También las hay en el vecino Museo Pedro Coronel, aunque aquí han subsistido las que están en la cantera de la vieja portada.

Otro sitio con presuntos agujeros de bala se sitúa junto a la estación inferior del Teleférico. Ahí junto al acceso al Hotel Baruk están Las Peñitas, un grupo de rocas que durante la batalla sirvieron como trinchera federal. Ahí hay muchos hoyos, aunque es difícil distinguir si son naturales o hechura humana.

Arriba del Cerro de la Bufa, no obstante, se encuentra uno de los más impresionantes monumentos balísticos de la batalla, que además funciona muy bien como broche de oro de esta ruta. Se trata de esa rara torrecita de remate colorado que se yergue en el extremo noroeste del cerro, no lejos de la estación del teleférico. Es el Observatorio Meteorológico instalado ahí desde 1906. Lo sorprendente de este simpático edificio es que haya sobrevivido del todo a la Toma de Zacatecas. Está en uno de los puntos más vulnerables de la ciudad, junto a donde los federales ubicaron una de sus más fuertes posiciones de artillería. ¿Por qué sobrevivió a la batalla? Quizá por la enorme pericia de los artilleros villistas dirigidos por el general Felipe Ángeles, que no destruyeron más de lo necesario y sabían que el observatorio carecía de valor militar. Los muros de ladrillos europeos, sin embargo, conservan muchos agujeros, lo cual parece indicar que, por el contrario, la infantería revolucionaria atacó con furia y sin respetar mucho a esta institución científica.

A cien años de que las fuerzas al mando del general Pancho Villa sellaran en Zacatecas el triunfo definitivo de la Revolución sobre el gobierno de Victoriano Huerta, muchos eventos conmemorativos tendrán lugar este 2014 en esta bella urbe. Como complemento de tales eventos esta “ruta de los balazos” puede ser una excusa maravillosa y peculiar para recorrer y disfrutar toda la belleza de la capital zacatecana.

La ruta de los balazos

El comienzo de esta peculiar ruta podría ser el Santuario de Guadalupe, mejor conocido como “Guadalupito” (no confundirlo con la iglesia del pueblo conurbado de Guadalupe). Ubicado en el extremo sur del Centro Histórico, casi en el cruce de las avenidas González Ortega y Morelos, este bello templo de estilo ecléctico tal vez sea el edificio con mayor número de agujeros de bala en toda la ciudad. Columnas, marcos, cornisas y muros están llenos de cicatrices de la batalla, pero curiosamente solo la portada las ostenta; la cúpula, erigida en 1940, y las torres que ya son de nuestro siglo están libres de ellas.

La avenida González Ortega se convierte más al norte en la elegante avenida Hidalgo. El cruce de esta vía con el callejón de Rosales, donde se extiende el Portal de Rosales, es un excelente punto para ejercitarse en el arte de reconocer agujeros de bala del 23 de junio de 1914. A primera vista uno suele pasarlos por alto; pero cuando uno se fija con detenimiento en el Portal, ahí están los hoyos en los arcos, en los pilares y aun en los muros del piso superior. El edificio a contraesquina (Sanborns) tuvo también infinidad de agujeros, solo que en años recientes estos fueron resanados. En el mismo cruce, pero en la esquina suroeste, se levanta otro que bien podría competir con Guadalupito como el más agujereado de Zacatecas. En su cara norte contamos dos docenas de hoyos fácilmente visibles. Pero lo llamativo del asunto es que únicamente se concentran en ese lado del edificio, lo cual sugiere que aquí la “lluvia de balas”, de la que hablan los relatos de la Toma de Zacatecas, vino sobre todo desde el norte.

Tras las huellas de la Revolución Mexicana en Zacatecas

Te presenta esta ruta para descubrir, en algunos edificios de la capital zacatecana, los impactos de las balas grabados tras la Toma de la ciudad en 1914.

Uno puede ver decenas de veces la bellísima catedral de Zacatecas y nunca verlos; pero ahí están. Afortunadamente no son muy notables en la portadas barrocas, pero sí lo son en la torre norte sobre el muro que mira a la Plaza de Armas. Algunos parecen agujeros naturales de la cantera y quizá lo sean; pero otros muchos tienen la forma inconfundible de la piedra estrellada por el impacto violento de un proyectil metálico. Sí: son agujeros de bala que cada 23 de junio cumplen años de haber sido hechos al fragor de la Toma de Zacatecas, la batalla más famosa de la Revolución Mexicana.

Lo más interesante de estos agujeros de bala es que son abundantes y subsisten en edificios muy destacados de todo el Centro Histórico de Zacatecas, desde el Cerro de la Bufa hasta el Santuario de Guadalupe. Siguiéndolos se puede hacer un muy rico recorrido que permite rememorar claramente cuán dramática fue la batalla de 1914.

miércoles, 11 de noviembre de 2015

La Bandera de México

La bandera de México es el símbolo más representativo de identidad como nación. Contiene en sí misma la historia y el proceso de constitución del país. Durante la Independencia Miguel Hidalgo y Costilla tomó como primera bandera del movimiento un estandarte de la Virgen de Guadalupe. Sin embargo, desde los primeros años los insurgentes modificaron el diseño tantas veces como consideraron había que integrar algo en ella. En 1813, en vez de la imagen de la Virgen de Guadalupe se eligieron otro tipo de símbolos en los que persistió desde entonces el Águila posada en un nopal. El ave tenía además la Corona imperial. Posteriormente el águila tendría una posición de alas extendidas, con la cabeza de perfil, también con la corona.

Hay que recordar que México realizaba esfuerzos por ser reconocido como un Estado independiente y por lo tanto, después de que se integró el Congreso Constituyente los símbolos de esa independencia cobraban importancia en la bandera nacional. Por tanto, se decidió en él, retomar las raíces indígenas e incluir a la serpiente siendo devorada por el águila, omitiendo la corona del imperio desaparecido. Así, diversas modificaciones específicamente sobre el símbolo central que era el águila y la serpiente, se sucedieron tras eventos históricos de suma importancia como el Imperio de Maximiliano, en el cual se retomó la figura de la corona, esta vez del imperio francés. Posteriormente, el General Porfirio Díaz elegiría nuevamente la posición de alas extendidas para el águila.

Después de la Revolución Mexicana Venustiano Carranza, modificó la posición del águila retornando al simbolismo que representaba la fundación de Tenochtitlán, con el águila devorando a la serpiente, posada en un nopal. Respecto a los colores, inicialmente se pensó en ellos simbolizando el verde La Independencia, el blanco la religión católica, y el rojo la unión.

El 24 de Febrero cuando se unen las fuerzas libertadoras del país, se conmemora también el día de la bandera, y aunque esta a lo largo de la historia del país sufrió diversas modificaciones, sigue conmemorando esa fecha como el día de la bandera.

La representación correcta del escudo y la bandera, se encuentran contenidos en la “Ley sobre el escudo, la Bandera, y el Himno Nacionales”, que fue publicada en el Diario Oficial el 8 de febrero de 1984 por el entonces presidente Miguel de la Madrid Hurtado. En esta ley se reconocen como símbolos patrios: el Escudo, la Bandera y el Himno Nacionales. La misma establece que el Escudo Nacional está constituido por un águila mexicana, cuyo perfil izquierdo está expuesto, además de que las alas están desplegadas en actitud de combate. También hace referencia a la posición del plumaje, así como la posición de la serpiente que sujeta con la garra derecha. Aparece también en nuestra bandera la rama de un encino y la de un laurel formando un semicírculo unidos por un listón dividido en tres secciones.

Además de los colores, el Escudo y la posición de sus elementos la Ley prevé fechas especiales y significativas en las que la bandera debe de izarse en sitios oficiales, como el 21 de enero, aniversario del nacimiento de Ignacio Allende, el 1º de febrero, cuando se inician las sesiones ordinarias del Congreso de la Unión, 5 de febrero, aniversario de la promulgación de la Constitución, el 24 de febrero día de la Bandera, entre otros.

Existen tres modelos visibles de la bandera nacional, uno se encuentra en el Archivo General de la Nación, otro se puede observar en el Museo Nacional de Historia y otro más en la casa de Moneda. El lábaro patrio simboliza la evolución de la nación mexicana, la lucha por su independencia y la posterior búsqueda de la identidad como nación, fundada en valores que reúnen un origen común.

Artículo Producido por el Equipo Editorial Explorando México.
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La Conquista de México

Tras el descubrimiento de América, los europeos se interesaron por las noticias de grandes yacimientos de oro en ese continente. Carlos V, rey de España, necesitado de fondos para financiar sus campañas bélicas contra Inglaterra, autorizó que cualquier español emprendiera el “rescate de oro” en América con la condición de que su gobierno recibiera la quinta parte.

La Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España, escrita por Bernal Díaz del Castillo, quien acompañó a Hernán Cortés, es la fuente principal para conocer los sucesos relacionados con la conquista de México por el Imperio Español. Los relatos de la gente conquistada rara vez se escuchan, pero existen documentos que datan de 1528, escritos en Náhuatl, donde se relatan ocho presagios que sucedieron diez años antes de la llegada de los españoles. Éstos son una extraña aparición en el cielo; fuego consumiendo el templo de Huitzilopochtli; un relámpago destruyó el templo de paja de Xiuhtecuhtli, la apariencia de fuego cruzando el cielo; el hervor e inundación de un lago cerca de Tenochtitlán; mujeres llorando noche tras noche; la captura de una creatura desconocida en una red de pesca; y haber visto monstruos con dos cabezas caminando por la ciudad. El Emperador Moctezuma consultó a los adivinos para determinar las causas de estos presagios y no pudieron dar una explicación, hasta la llegada de los españoles.

En 1517, Hernández de Córdoba fue enviando a explorar la península de Yucatán. Veinte y dos españoles murieron atacados por los mayas y Córdoba fue fatalmente herido. Un año después de esta fatídica expedición, el Gobernador Velazquez decidió comisionar otra, bajo el mando de su sobrino Juan de Grijalva. Sus cuatro barcos viajaron a lo largo de la costa de Yucatán para desembarcar en la región de Tabasco, parte del imperio Azteca. Antes de que ésta volviera, Velázquez decidió enviar una tercera y más grande expedición para explorar la costa de México, Hernán Cortés, uno de sus favoritos, fue nombrado comandante. Las instrucciones eran comenzar relaciones de intercambio comercial con las tribus indígenas de las costas. A Cortés, motivado por su ambición personal decía: “Nosotros los españoles sufrimos de una enfermedad que sólo el oro puede curar”. Su contingente consistió de once barcos con aproximadamente 100 marineros, 530 soldados, un doctor, algunos carpinteros, ocho mujeres, algunos cientos de cubanos y algunos africanos, libres y esclavos.

Cortés pasó un tiempo en la isla de Cozumel, intentando convertir a los nativos al Cristianismo, después continuó su viaje a la Península de Yucatán. Encontró a Jerónimo de Aguilar, un español que sobrevivió a un naufragio en 1511 y desde entonces había estado viviendo entre los mayas. Cortés luego conoció a una mujer que llamó Doña Marina, conocida comúnmente como Malinche. Estos dos personajes que se integraron al equipo de Cortés fueron la clave del éxito. Cortés le hablaba a Jerónimo de Aguilar en español, él traducía al maya para Malinche y ella traducía al nahuatl, el idioma de los Aztecas.

La Malinche aprendió español, se convirtió en la amante de Cortés y le dio un hijo. Malinche derivó en malinchista, un término que significa traidor.

Los totonacas ayudaron a Cortés a construir la ciudad de La Villa Rica de la Vera Cruz, el comienzo de su intento por conquistar al imperio azteca. El 10 de julio de 1519 se proclamó la Villa Rica de la Vera Cruz, la actual ciudad de Veracruz. La ley de España establecía que si se fundaba una ciudad con cabildo, inmediatamente se convertía en autónoma. Cortés creó el cabildo y le ordenó nombrarlo Capitán General. Con este nuevo rango, Cortés sólo le debía obediencia al Rey de España y ya no estaría sometido a la autoridad de Velázquez.

Los aztecas ofrecieron poca resistencia ante los avances de los españoles porque creían que Cortés era el dios Quetzalcóatl quien, según la profecía, regresaría. El hecho de que los hombres que habían llegado del mar tenían piel clara y barbas largas motivó la creencia de que la divinidad Azteca había regresado. Algunos historiadores han discutido esta versión, argumentando que este mito fue fabricado por los españoles para convencer a los aztecas sobre la naturaleza divina de su misión, facilitando la aceptación de Cristo al asociarlo con los dioses ancestrales.

Cortés luego llegó a Tlaxcala, una confederación de aproximadamente 200 pueblos que no tenían un gobierno central. Los tlaxcaltecas llevaban casi cien años en guerra y sabían que inevitablemente los aztecas los conquistarían como ya lo habían hecho con todos los territorios alrededor. Los tlaxcaltecas tenían rodeados y prácticamente derrotados a los españoles durante su primera batalla pero fueron persuadidos por uno de sus líderes a bajar las armas, creyendo que era mejor aliarse con los españoles que matarlos. Así comenzó una muy amable alianza entre los dos, Cortés incluso convenció a los cuatro líderes de Tlaxcala a bautizarse y adoptar nombres españoles.

El 12 de octubre de 1519, Cortés y sus hombres, acompañados por 3,000 tlaxcaltecas, entraron a Cholula. Moctezuma intentó detenerlos pero no tenía suficientes soldados porque era una ciudad sagrada donde se confiaba en el poder de los dioses para su protección. Se dice que en la Masacre de Cholula murieron 30,000 personas. Este evento causó tanto terror en otras culturas Mesoamericanas, que el Imperio Azteca prefirió acatar las demandas de Cortés antes que ser masacrados.

Existe un gran debate acerca de la manera en que Moctezuma, el gran emperador Azteca, recibió a Hernán Cortés en Tenochtitlán. El relato de testigos españoles cuenta que Moctezuma los recibió con gran fastuosidad, cubriendo a Cortés con las flores de su propio jardín, el mayor honor. Otros historiadores argumentan que esto era imposible que un emperador considerado sagrado, se profanara entrando en contacto con un foráneo que venía sucio del viaje, en frente de sus súbditos. La contradicción entre el emperador arrogante y el humilde servidor de Quetzalcóatl ha sido un gran tema de discusión.

Moctezuma dio hospedaje al español y sus 3000 aliados en el palacio de su padre y aceptó todas las exigencias de Cortés. Le entregó regalos de oro, eliminó dos ídolos del templo principal, lavó la sangre que manchaba las paredes de la gran pirámide e instauró santuarios a la Virgen María. Tras cumplir con esto, Cortés tomó prisionero a Moctezuma en su propio palacio y exigió una enorme recompensa de oro, lo que le fue entregado. La población de Tenochtitlán comenzó a sentir la presión de alimentar no sólo a los españoles, sino también a sus miles de aliados Tlaxcaltecas.

Durante una celebración en Tenochtitlán y sin la autorización de Cortés, varios españoles atacaron y asesinaron a muchos miembros de la nobleza azteca, conocida como la Masacre del Templo Mayor. Algunos argumentaron que los aztecas planeaban matar a los españoles pero se cree que no existía ninguna amenaza real. La matanza provocó una enorme indignación y los mexicas se lanzaron contra el palacio donde los españoles se atrincheraron con Moctezuma de rehén. En respuesta, la ciudad se levantó en armas y procurando la paz, Cortés hizo que Moctezuma subiera a uno de los muros del palacio para que hablara con su gente. Sin embargo, una pedrada hirió a Moctezuma de gravedad durante su discurso y falleció un día después a causa de la herida. Se eligió a Cuitlahuac como su sucesor.

El 30 de junio de 1520 comenzaron una caótica huida de Tenochtitlán en la que más de 800 españoles y 5,000 aliados murieron atacados por los aztecas. Cuenta la leyenda que Cortés lloró por estas graves pérdidas en lo que se conoce como la Noche Triste.

Tras una renovada alianza con los enemigos de los aztecas, Cortés sitió a Tenochtitlán durante ocho meses. Además de destruir su acueducto y cortar el suministro de alimentos, los habitantes de Tenochtitlán estaban muriendo rápidamente debido a la viruela, una nueva enfermedad que llegó desde Europa y mató a un tercio de los habitantes del valle en menos de seis meses. A pesar de la valiente resistencia, el 13 de agosto de 1521, la ciudad se rindió ante los españoles. Cortés personalmente torturó a Cuauhtemoc, el último emperador azteca, para forzarlo a confesar el escondite del oro de Moctezuma. El emperador jamás reveló esta información, tal vez porque tal tesoro nunca existió.

El Emperador Carlos V nombró a Antonio de Mendoza como el primer virrey de la Nueva España en 1535.

A Cortés sólo le tomó tres años tomar Tenochtitlán y es considerado el episodio principal de la Conquista pero el proceso en realidad tardó 60 años y hubiera tardado más si no fuese por las epidemias de enfermedades europeas que mataron al 75% de la población mesoamericana.