
Es en este periodo cuando varios pueblos, llamados chichimecas, que vivían más allá del límite septentrional de Mesoamérica, se desplazaron hacia el sur, tal vez a raíz de una baja en la producción natural de sus tierras, desertificadas por cambios climáticos. Agredidos por los invasores y con sus campos de labranza reducidos por el cambio, los mesoamericanos próximos a la frontera se vieron obligados a echarse sobre sus vecinos, a veces en forma pacífica y otras de manera armada, y estos vecinos hicieron lo mismo con otros, y así sucesivamente hasta que toda Mesoamérica se vio afectada, acabándose el esplendor que había alcanzado la civilización mesoamericana durante el clásico. El proceso duró por lo menos trescientos años, tendiendo a atenuarse conforme avanzaba hacia el sur.
El origen divino de todas las normas y leyes que regulaban la vida pública y privada de todos, con la consiguiente sanción sobrenatural a las violaciones voluntarias o involuntarias fueron características mesoamericanas desde el clásico. Hubo nuevos dioses, o por lo menos algunos adquirieron mayor relevancia -por ejemplo, dioses guerreros como Camaxtli y Huitzilopochtli, o sus equivalentes conocidos con otros nombres en diversos lugares- y cabe suponer que hayan surgido también nuevas leyes o una expresión más vigorosa de las ya existentes, acordes con el carácter guerrero prevaleciente. Su desobediencia, por supuesto, acarrearía castigos divinos.
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